Si sigues la cobertura de la NBA en 2026, verás repetidamente tres cifras: pace (ritmo), offensive rating (ORtg) y defensive rating (DRtg). Parecen técnicas, pero en realidad son formas de comparar equipos en igualdad de condiciones utilizando posesiones en lugar de totales brutos. Esta guía explica qué mide cada métrica, cómo se calcula en la práctica y cómo interpretarla sin dejarse llevar por muestras pequeñas o contextos engañosos.
El pace es una estimación de cuántas posesiones juega un equipo por cada 48 minutos. Es, en esencia, la velocidad del partido en términos de oportunidades de anotar, no la velocidad física de los jugadores. Una posesión termina cuando un equipo lanza y el rival captura el rebote defensivo, pierde el balón o convierte tiros libres que devuelven el control al oponente. Como ambos equipos comparten el mismo partido, el ritmo describe el entorno del juego más que la calidad de uno u otro.
Por eso los puntos totales pueden resultar engañosos. Un equipo puede anotar 125 puntos porque jugó rápido y generó muchas posesiones, aunque su eficiencia no fuera sobresaliente. Otro puede sumar 110 en un partido más lento siendo extremadamente eficaz por posesión. El pace permite separar “más oportunidades” de “mejor ejecución”. Al comparar equipos entre temporadas o distintas alineaciones, el ritmo es el primer dato que conviene revisar porque enmarca todo lo demás.
En la mayoría de las fuentes estadísticas públicas, el ritmo se calcula a partir de una estimación de posesiones. La fórmula habitual combina intentos de tiro de campo, pérdidas, un ajuste por tiros libres y rebotes ofensivos. Existen ligeras variaciones según la fuente, pero el objetivo es el mismo: aproximar cuántas veces un equipo tuvo el balón con opción real de producir puntos. Para conocer el promedio actual de la liga en 2026, lo más fiable es consultar las estadísticas oficiales y filtrar por temporada, ya que el contexto cambia cada año.
Empieza utilizando el ritmo para explicar por qué un partido se sintió caótico o pausado. Un pace alto suele implicar más transiciones, lanzamientos tempranos y mayor número total de acciones. Sin embargo, jugar rápido no equivale automáticamente a atacar mejor. Algunos equipos aceleran porque dominan el contraataque; otros lo hacen porque pierden muchos balones y generan intercambios constantes de posesión. La clave es preguntarse si el aumento de ritmo genera tiros de calidad o simplemente incrementa la volatilidad.
El siguiente paso es contextualizar los puntos por partido. Si un equipo anota más que otro, verifica primero si también juega a mayor ritmo. Si es así, la comparación debe centrarse en métricas de eficiencia. Esto es especialmente relevante en tramos exigentes del calendario, cuando el cansancio puede reducir el ritmo sin afectar necesariamente la calidad ofensiva por posesión.
Por último, el ritmo ayuda a anticipar enfrentamientos. Algunos equipos prefieren el juego estático y buscan reducir posesiones; otros intentan imponer velocidad desde el primer pase. Analizar qué equipo puede imponer su entorno suele revelar dónde estará la batalla táctica: pérdidas, rebote defensivo y defensa en transición suelen ser factores decisivos.
El offensive rating es una medida directa de la eficiencia ofensiva, ya que expresa cuántos puntos anota un equipo por cada 100 posesiones. El uso de “100” facilita la lectura y permite comparaciones claras. Si un equipo registra un ORtg de 115, significa que anota aproximadamente 115 puntos cada 100 posesiones, independientemente del ritmo al que juegue.
Este indicador integra múltiples factores: eficacia en el tiro, control de pérdidas, rebote ofensivo y capacidad para generar tiros libres. Un aumento en cualquiera de estos apartados puede elevar el ORtg. Por eso, para comprender el origen de la eficiencia, conviene analizar los llamados Four Factors: porcentaje efectivo de tiro, tasa de pérdidas, tasa de rebote ofensivo y tasa de tiros libres.
En 2026, el ORtg es habitual en clasificaciones y análisis previos a partidos. Sin embargo, siempre debe leerse con contexto. Una racha de acierto exterior puede inflar el dato durante semanas, mientras que una mala racha puede ocultar un buen proceso ofensivo. Ampliar la muestra y considerar la calidad de los rivales es esencial para una interpretación equilibrada.
El estilo importa tanto como el número. Dos equipos pueden compartir un mismo ORtg con perfiles ofensivos completamente distintos. Uno puede vivir del juego interior y los tiros libres; otro, del volumen exterior. En un análisis previo, identificar el origen de los puntos ayuda a prever cómo reaccionará la defensa rival.
También es importante considerar el tiempo intrascendente. Las diferencias amplias en el marcador pueden distorsionar los datos, especialmente al inicio de la temporada. Siempre que sea posible, conviene observar el rendimiento en situaciones competitivas y revisar estadísticas con y sin determinados jugadores clave en pista.
En el plano individual, el ORtg de un jugador no es una medida aislada de talento. Depende del rol, del uso ofensivo y del contexto del quinteto. Un finalizador con baja responsabilidad creativa puede presentar un rating alto gracias a tiros de alta calidad generados por otros, mientras que un creador principal asume lanzamientos más difíciles que afectan su eficiencia global.

El defensive rating estima cuántos puntos permite un equipo por cada 100 posesiones. Cuanto menor sea el número, mejor es el rendimiento defensivo. Al igual que el ORtg, ajusta por ritmo y facilita comparaciones justas entre equipos con estilos diferentes.
Interpretar el DRtg es más complejo porque la defensa depende en parte del acierto del rival. Un equipo puede forzar tiros difíciles y aun así encajar triples si el oponente atraviesa una racha positiva. Por ello, conviene combinar el rating con el perfil de tiros concedidos: intentos en la pintura, tiros libres permitidos y volumen de triples abiertos.
Las decisiones tácticas influyen en el DRtg. Un equipo pequeño puede cambiar en bloqueos y reducir penetraciones, pero sufrir en el rebote. Uno que proteja la zona puede conceder más tiros exteriores. El rating refleja el resultado final; el análisis del estilo explica por qué se produce.
Revisa primero la calidad de los rivales recientes. Un tramo ante ofensivas de élite puede empeorar el dato sin que la defensa haya bajado realmente su nivel. El contexto siempre es determinante.
Analiza el tipo de tiros permitidos. Si el equipo concede muchos intentos cerca del aro y comete faltas con frecuencia, el problema suele ser estructural. Si, en cambio, limita la pintura pero sufre por el acierto exterior rival, puede tratarse de variación estadística.
Finalmente, presta atención a las posesiones que cambian partidos: defensa en transición, control del rebote y generación de pérdidas. Estos elementos suelen determinar si una defensa mantiene su nivel fuera de casa y en eliminatorias. Con este enfoque, el DRtg deja de ser un simple número y se convierte en una herramienta de análisis real.